Gobierno y PNUD apoyan la creación de capacidades para el desarrollo sostenible de las zonas costeras

creacion de capacidades sabana camagüey

Amenazadas por el aumento del nivel del mar, la salinización de los suelos y los cambios climatológicos cada vez más intensos, las áreas costeras, entre las que se encuentra el ecosistema Sabana-Camagüey, situado en la costa norte de Cuba, se enfrentan a innumerables desafíos.

Aspectos Destacados:

  • El Ecosistema Sabana-Camagüey es el mayor sistema de cayos del Gran Caribe. Unas 1 000 islas, con una extensión de 75 000 km2.
  • 20.000 personas, entre ellos 5.000 líderes comunitarios, han cambiado su percepción y comportamiento hacia la biodiversidad de la zona.
  • Las cinco provincias que limitan con el Ecosistema cuentan con un laboratorio para el monitoreo y evaluación de las necesidades medioambientales de la región.
  • Diez proyectos piloto ayudan a aumentar el empleo local y los ingresos de las comunidades. Unas 500 mujeres y hombres expertos e investigadores de 63 instituciones participan en el proyecto.
  • Por sus valores naturales, arqueológicos y científicos, el ESC fue designado por el Ministerio de Ciencia, Tecnología y Medio Ambiente de Cuba como un área de gran prioridad para la conservación de la biodiversidad.

El acelerado desarrollo del sector turístico y las actividades económicas tradicionales, como la pesca, la agricultura y la ganadería, son las principales causas que impulsan a buscar soluciones sostenibles para reducir los efectos perjudiciales sobre los valores de la biodiversidad de la zona.

Es por ello que, desde hace más de dos décadas, científicos, técnicos y comunidades locales, con la ayuda del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), con financiamiento del Fondo para el Medio Ambiente Mundial y del gobierno de Cuba, han trabajado sin descanso para recuperar y conservar el Ecosistema Sabana-Camagüey, que incluye el mayor sistema de cayos del Gran Caribe, con una extensión de 75,000 kilómetros cuadrados y que abarca el 60% de los cayos del archipiélago cubano.

El Proyecto ha formado a unas 20 mil personas, entre ellas 5 mil tomadores de decisiones. Los contenidos de las capacitaciones fueron seleccionados mediante encuestas y “tormentas de ideas” realizadas con los protagonistas. Con la información obtenida fue elaborado un “Módulo de Formación Básica Ambiental” con temas como manejo forestal, recursos hidráulicos, biodiversidad y ordenamiento ambiental, entre otros.

Estas acciones de capacitación y educación ambiental lograron cambios de comportamiento de las comunidades, en lo que se refiere a su ética ambiental. Así lo reflejan los estudios anuales de percepción ambiental basados en encuestas locales, elaboradas y procesadas bajo la dirección del Centro de Investigaciones Psicológicas y Sociológicas de Cuba.

Más de 500 mujeres y hombres expertos e investigadores de 63 instituciones pertenecientes a 12 organismos de la Administración Central del Estado y de las provincias, han estado vinculados al proyecto. Se estableció así una red de Centros de Creación de Capacidades para el Manejo Integrado Costero, enfocada hacia la educación ambiental de actores claves y que cuenta con 13 entidades municipales.

“Desde la década de los sesenta, en Cuba decidimos actuar respecto a los problemas del medio ambiente,” dice Maritza Leuzurique, Directora del Centro de Creación de Capacidades (CCC/MIC), del municipio de Caibarién, en la provincia de Villa Clara. “Pero fue en los años noventa que, con el desarrollo del turismo en la zona, vimos la necesidad de potenciar los conocimientos y las habilidades necesarias para garantizar la protección y el uso sostenible de la biodiversidad en el territorio.”

Actualmente se están desarrollando más de 10 proyectos que introducen prácticas sostenibles en áreas sometidas a cambio del uso del suelo y benefician directamente a unas 1.000 personas. Estos proyectos comprenden por ejemplo: prácticas para el manejo sostenible de la cría y explotación del búfalo, actividades de reforestación costera para la regeneración del hábitat de especies en la parte terrestre del ecosistema, cría artificial de esponjas y desarrollo de tecnología para la pesca en alta mar.

Las nuevas prácticas favorecen la recuperación de hábitat de especies pesqueras de valor comercial, a la vez que ayudan a generar empleos alternativos para las comunidades de pescadores ante la necesidad de prohibir el uso de artes de pesca agresivos a los ecosistemas. Al propio tiempo, las comunidades se benefician del aseguramiento de empleo local y fuentes de ingresos.

La adopción de estas medidas ha posibilitado armonizar paulatinamente la conservación y manejo sostenible de la biodiversidad con el desarrollo socioeconómico. Las capacidades creadas, el conocimiento utilizado y la colaboración entre los distintos actores, han sido fundamentales para los logros esenciales. Este heterogéneo mosaico de hábitats posee una gran diversidad de flora y fauna marina y terrestre, lo que privilegia a este ecosistema como uno de los más ricos en especies y hábitats en Cuba y el Gran Caribe.